Cuando brotan las ideas

Secuencia de fotos de Vanesa Nérida, marzo de 2025.

Me han preguntado alguna vez en entrevistas por mi proceso creativo, cómo hago mi música. En realidad, más que como una compositora, yo me veo a mí misma como una cantante que escribe canciones, que nacen de una idea musical o de otro tipo. Una idea que plasmo en una melodía, una letra y un ritmo. A continuación, ese esqueleto de canción se armoniza, se le da “cuerpo” y se monta, esto es, se ensambla y se fija una estructura durante el ensayo, con cada músico ejecutando, o mejor dicho, interpretando, esa música.

Para mí, el de materializar la canción por primera vez es verdaderamente un momento mágico.   

Quizá sería más acertado indagar en el origen de esas ideas. De dónde salen, por qué vienen a mi mente, cómo fluyen. Yo creo en la inspiración, pero lógicamente esa inspiración no es algo casual ni ocurre de forma aleatoria: es el resultado más o menos consciente de una combinación de factores que ocurren en la mente humana, en particular en su aspecto más creativo.

A diferencia de la magnífica Giulia Valle, no soy una estudiosa del tema, en absoluto. Tampoco soy particularmente metódica. Hay canciones que he escrito de un tirón sin pensarlas demasiado y a mi juicio han quedado más que correctas. A otras he tenido que darles más vueltas. A lo largo de estos años he entendido que yo necesito un estado de ánimo y mental muy específico para crear: necesito estar relajada y concentrada a la vez. Un estado imposible de alcanzar en momentos de mucho estrés o situaciones personales muy dolorosas.

Cuando logro que mi mente descanse es cuando brotan las ideas, casi solas, sin hacer yo nada, más que dejarme sentirlas y plasmar por escrito lo que siento. Pero insisto, eso está muy lejos de ser un fenómeno casual, es fruto de un proceso reflexivo muy profundo.

La metacognición y el autoconocimiento explican fácilmente que mi faceta de autora de canciones haya cuajado a una edad madura. Del trabajo personal de haber aprendido cómo soy, qué cosas me afectan, cuáles son mis vivencias, cuáles son las que más me han marcado, cómo me relaciono conmigo misma y con mi entorno… todo esto es el origen de esas ideas que brotan. Mis canciones son justamente el fruto de esa reflexión tan potente, de ese ejercicio de consciencia que es conectar lo que siento con lo que pienso.

Me juzgo muy duramente, en general, como ser humano y aún más como artista. Pero he aprendido a escuchar menos ese juicio o a ignorarlo en según qué momentos. He logrado aceptar imperfecciones impensables solo porque considero más importante el hecho de mostrarme tal y como soy en mi música que obsesionarme con la perfección. Hay que aspirar a la excelencia, pero no permitir que el hecho de no alcanzarla te paralice: eso es contraproducente para la creación artística tal y como yo la entiendo.

Como autora de mis canciones lo que más me interesa es hacer algo muy personal. Escribir una canción y cantarla me permite comunicar mis sentimientos, pero además me permite relacionar lo que siento con lo que pienso. Ahí alcanzo la plenitud, como artista y como ser humano.

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