Me salvaste, Lila Downs

Lila Downs anoche en los Veranos de la Villa.

Lila Downs anoche en el Patio del Conde Duque, ciclo Veranos de la Villa, Madrid.

Resulta todo un ejercicio de contención esquivar la tentación de calificar lo de anoche con Lila Downs como una ceremonia ritual y a ella como una hechicera chamana. Lila Downs merece algo mejor que los zafios lugares comunes, justamente cuando ella no pisó ni uno solo de esos charcos al presentarnos su exquisita colección de canciones anoche en el Patio del Conde Duque.

Lila ha visitado Madrid infinidad de veces, razón por la cual es adorada en esta ciudad, que recibe sus espectáculos como agua de mayo o como aire acondicionado de julio. Es que es muy buena, sus canciones también lo son y la banda que la acompaña exhibe oficio y virtuosismo sin caer en la gimnasia ejecutiva ni olvidarse de que su sitio es ese: acompañar al lucero, a la Lila encendida de rojo, verde y negro que recupera terreno para la riquísima música clásica de su país, afortunadamente para quienes queremos ver verdad y no consecuencia en los escenarios.

Lila Downs nos manejó a su antojo, y su público cayó rendido. Por mi parte, bailé toda la cumbia, lloré toda la ranchera y me enamoré en cada bolero. Es lo que tiene haber llegado al concierto exhausta de respirar fuego en este abúlico e inane verano madrileño de acontecimientos masivos y escaso despliegue artístico.

Me salvaste, Lila Downs.

Y hablando de despliegue artístico, siete músicos iban ayer con Lila, excelentes y multidisciplinares, a cada uno de ellos mi reconocimiento y al ensamble mi admiración. Y a quien estuviera al cargo del sonido, que fue impecable, mi gratitud eterna. ¿Veis? Se pueden tocar bolos estupendos a volúmenes perfectamente sanos. Decía no sé quién no sé cuándo que quien no sabe tocar toca rápido y toca fuerte. O algo parecido.

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