Aquí estamos. Somos PAM.

‍ Siempre digo que, por suerte o desgracia, decidí dedicarme a dos actividades que todo el mundo cree que puede hacer: comunicar y cantar. Conocí la existencia de PAM (Periodistas Asociados de Música) a través de su actual presidente, Manuel Pinazo, respetado y comprometido periodista del sector, autor de varios libros y director de Muzikalia. El hecho de ser periodista, dedicarme a escribir sobre música en Caravan, y también haber dirigido la comunicación de otros proyectos musicales y artistas, además del mío propio, me hizo identificarme enseguida con las aspiraciones de esta organización que cumplió hace poco 10 años. Así que, tras una entrega de premios en la que vi la dedicación y el compromiso de sus miembros, solicité el ingreso y aquí estamos. J

En mi faceta de periodista y consultora de comunicación en Presscode.

‍La profesión periodística se encuentra sumida en una crisis profunda de la que parece imposible salir. No enumeraré aquí las causas, que son muchas y variadas, pero sí reivindicaré enérgicamente, como hago siempre que tengo ocasión, el papel imprescindible de una prensa organizada, seria, libre y comprometida. Sé bien que las peculiaridades del sector de la prensa musical – cada sector periodístico cuenta con las suyas, claro está – constituyen la principal dificultad en el camino hacia esa aspiración, pero asociaciones como PAM le insuflan a una su correspondiente dosis de optimismo y unas ganas irrefrenables de ponerse manos a la obra.

‍Más que nunca, en el imperio de lo digital, el periodismo ciudadano (terrible acepción) del que se hablaba hace veinte años con más ilusión que recelo ha devenido en una suerte de cuchufletismo disparatado que a los que llevamos la vida entera en esta profesión nos tiñe de rojo las mejillas y nos empaña los ojos de lágrimas. PAM representa el oxígeno que nos queda a los profesionales para continuar con una labor tan necesaria como devaluada en un entorno caprichoso y volátil donde todavía hay que explicar para qué sirve un artículo en la prensa.

Y pese a que reivindicarnos pueda parecer redundante o inane, me empeño en destacar que todo ese discurso que nos da por muertos y condena a la prensa musical a la irrelevancia precisamente nos da la razón.

‍Si un artista, como cree mucha gente, no necesita a los periodistas musicales porque son las redes sociales la razón exclusiva de su éxito, ¿qué problema habría en acreditar a los fotoperiodistas para que cubran un concierto? Si no importamos nada, ¿por qué se rechaza frontalmente la cobertura independiente de un profesional cuyo trabajo, según quienes defienden esa forma de censura, no le interesa a nadie?

‍En el mismo hecho de negarnos, nos reafirman. Pues bien, como además de la razón, tenemos ideas y ganas de manifestarlas, aquí estamos. Somos PAM.

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